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MEXICALI, BC., 22 de agosto de 2026.- Detrás de cada sirena que atraviesa las calles de Mexicali hay una historia de vocación y sacrificio. Son bomberos que dejan a sus familias para acudir a incendios, accidentes y rescates, sin saber qué encontrarán al llegar y conscientes de que, en cada emergencia, también ponen en riesgo su propia vida.
Es por ello que hoy 22 de agosto, día del bombero, integrantes del heroico Cuerpo de Bomberos de Mexicali, compartieron a Quadratín Baja California, parte de sus historias y aquello que los mantiene dentro de una de las profesiones más exigentes de la ciudad.

Para Ofelia Vázquez, ser bombera no comenzó el día en que portó por primera vez el uniforme, sino mucho antes, al observar a su padre atender emergencias y acudir incluso durante sus días de descanso a combatir incendios.
Hoy, después de siete años como bombera voluntaria y dos años como bombera de paga, acumula nueve años y medio dentro de la corporación, actualmente comisionada como radio operadora en la Estación Central de Bomberos de Mexicali, desde donde continúa atendiendo las emergencias de la comunidad.

Hace aproximadamente un año y medio se convirtió en madre y, después de la cuarentena, tuvo que enfrentar la dificultad de separarse durante todo un día de su bebé y de su esposo, sabiendo además que el trabajo que desempeña implica exponerse constantemente al peligro.
Pero es precisamente su hijo una de las razones que fortalecen su vocación. Ofelia recuerda que, cuando era pequeña, veía a su padre salir a trabajar sin dimensionar completamente los riesgos, hasta que con los años comprendió que podía estar dentro de un incendio y que algo podía sucederle.
Ahora espera que algún día su pequeño pueda verla con el mismo orgullo con el que ella observaba a su padre y reconocerla como su mamá bombera.

Para Gabriela Bernal, con siete años como bombera de paga, explica que la labor va mucho más allá de combatir incendios, pues los elementos atienden fugas de gas, enjambres de abejas, rescates de personas atrapadas, materiales peligrosos, accidentes automovilísticos y servicios de atención prehospitalaria, entre otras emergencias que requieren preparación y capacidad de respuesta.
Gabriela destaca que la capacitación es una tarea permanente, debido a que la ciudad crece, la tecnología avanza y con ello también cambian los riesgos que deben enfrentar.

Durante el último año ha tomado cursos de rescate en elevadores, extinción de incendios en vehículos eléctricos, lengua de señas y electrocardiografía básica, conocimientos que posteriormente comparte con sus compañeros.
Su formación también incluye preparación como paramédica, una licenciatura en psicología y conocimientos de lengua de señas; herramientas que le permiten atender lesiones, controlar situaciones de estrés, tranquilizar a personas en crisis y comunicarse con ciudadanos que no pueden escuchar o hablar.

Uno de los aspectos que más disfruta de su profesión es el rescate de animales, una faceta que considera especialmente gratificante porque, aunque perros, gatos y otras especies no pueden explicar qué les ocurre, para Gabriela toda vida que se encuentre en una situación de emergencia merece atención cuando está en sus posibilidades ayudarla.

Para Miguel Lucero, ser bombero no fue una decisión que surgió de manera repentina, sino una vocación que comenzó a construir desde niño al lado de su padre, Noel Lucero, capitán de Bomberos en la Estación Central.
Hoy, Miguel está por cumplir tres años como bombero de contrato, después de haber dedicado siete años al voluntariado, con lo que suma alrededor de una década dentro de la corporación.

Sus primeros pasos en el oficio los dio a los 13 años, comenzó a acudir como voluntario y a conocer de cerca el trabajo que su padre realizaba. Recuerda que desde pequeño lo acompañaba en tareas como subir su equipo al vehículo, lavarlo y prepararlo para el servicio, actividades que poco a poco despertaron en él la admiración y el deseo de seguir sus pasos.
Ahora, desde la Estación Número 3, Miguel porta el mismo uniforme que alguna vez vio vestir a su padre y busca honrar ese legado mediante el servicio a la comunidad.

Para el joven bombero, portar el uniforme significa asumir la responsabilidad de saber que muchas vidas pueden depender de sus decisiones durante una emergencia. Esa responsabilidad, asegura, también se convierte en una motivación para continuar preparándose.
Como padre de una niña de cuatro años, también conoce el significado de mirar la profesión desde otra perspectiva. Su hija se emociona cuando lo visita en la estación y disfruta verlo trabajar.

Para Ranvier Castro, convertirse en bombero significó encontrar una profesión en la que pudiera poner su esfuerzo y preparación al servicio de los demás. Su historia comenzó en noviembre de 2018, cuando llegó a la Estación Número 3, en Palaco, para preguntar por los requisitos para incorporarse como voluntario.
Desde aquella ventana recibió la oportunidad de comenzar su camino dentro de bomberos y, después de varios años de preparación y servicio, en 2024 fue contratado como bombero remunerado.

Actualmente está por cumplir tres años como bombero de contrato y reconoce que su mayor satisfacción es saber que, cuando una persona enfrenta una emergencia, él puede estar ahí para ayudarla.
Sin antecedentes familiares dentro de la corporación, Ranvier construyó por cuenta propia una vocación que hoy también representa un ejemplo para su hija Camila, de seis años, quien se siente orgullosa de que su papá sea bombero, aunque en ocasiones también manifiesta el temor de que pueda ocurrirle algo y no regrese a casa.

Además de ser bombero, Ranvier cuenta con formación como técnico en atención médica prehospitalaria, por lo que también se desempeña como paramédico dentro de la corporación.
Castro considera que una de las partes más difíciles de su profesión es entender que, para ellos, una emergencia termina cuando regresan a la estación, mientras que para las familias afectadas el problema continúa después de que los bomberos se retiran.
En Mexicali, donde el calor extremo, los incendios y los accidentes forman parte de las emergencias que enfrentan a diario, estos cuatro bomberos representan una misma vocación desde distintas historias.

Son quienes salen de las estaciones mientras sus familias esperan su regreso, quienes entran a viviendas en llamas, atienden a personas heridas, rescatan a quienes quedan atrapados y hasta auxilian a animales afectados por las condiciones del desierto. Sus testimonios muestran que, en una ciudad tan exigente como Mexicali:
Ser bombero no solo significa combatir el fuego, sino estar preparado para responder a cualquier llamado y poner el conocimiento, la experiencia y hasta la propia vida.